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Muestras de arte en museos de Berlín (Parte 2)

Muestras de arte en museos de Berlín (Parte 2)

BLOG > CULTURA

Publicado 12.05.20

¿Conoces las muestras de arte en museos más importantes de Berlín? Leer

Muestras de arte en museos de Berlín que debes visitar

Reapertura de la iglesia más armónica de Schinkel, Pop Art y retrospectiva de Yayoi Kusama

Tal vez la mejor definición del Pop Art la formuló uno de sus fundadores, el prolífico artista inglés Richard Hamilton (1922-2011), que enumeró los valores del estilo: “popular, pasajero, prescindible, de bajo costo, producido en serie, joven, ingenioso, sexy, efectista, glamuroso”. Ese conjunto de peculiaridades es palpable en la colectiva “Pop on Paper. Von Warhol bis Lichtenstein” (“Pop en papel, de Warhol a Lichtenstein”), que se exhibe en el Kulturforum de Berlín entre hasta el 26 de julio.

Partiendo de las jocosas trivialidades de Andy Warhol (1928-1987) y Roy Lichtenstein (1923-1997), los responsables de la muestra dividen el estilo en diez capítulos, que van del par de megaestrellas, colocadas en el punto de partida de la muestra, hasta las subsecciones europeas de los años setenta, más interesadas en la denuncia documental de las brechas socioeconómicas, con obras de Sigmar Polke, K.P. Brehmer, Ulrike Ottinger, Maria Lassnig, Elaine Sturtevant y los españoles Equipo Crónica.

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Marilyn | Andy Warhol

En la parte central del recorrido de la exposición, que agrupa lo mejor de la vertiginosa escuela del pop de los fondos de los museos estatales de Berlín, aparece, dicen desde el museo, un “amplio espectro estilístico y temático” que abarca las obras pictográficas de Claes Oldenburg y las minimalistas de Robert Indiana y llega al presente, con creadores situados fuera de toda norma como el outsider Jim Dine.

Lo que une a la tropa del Pop Art, aseguran los organizadores, es el “uso ofensivo y creativo” de las obras en papel. Gracias a ese carácter travieso lograron llevar el arte a un público amplio y sin prejuicios, situado más allá de los mercados para élites culturales o económicas. El bajo coste de las técnicas mecánicas de impresión permitió a los creadores sacar buen partido a las ediciones casi ilimitadas de cartelería y pósteres. No es exagerado afirmar que gracias a las mismas técnicas de la publicidad que comenzaron caricaturizando, los miembros del movimiento se convirtieron en productos en sí mismos.

Una de las muestras más atractivas de Berlín

Simbolismo belga, salvaje y voluptuoso

Una de las muestras de pintura más atractivas del año en la escena de los museos de Berlín acerca a los espectadores a la mirada voluptuosa, salvaje y desencantada de los artistas que, entre finales del siglo XIX y la I Guerra Mundial, se entregaron al exceso y los placeres prohibidos. “Todessehnsucht und Dekadenz. Der belgische Symbolismus” (“Muerte y decadencia: el simbolismo belga”), en la Alte Nationalgelrie entre el 15 de mayo y el 13 de septiembre, permite descubrir a una escuela de creadores brillantes, decadentes y morbosos.

Entre los autores a descubrir están Fernand Khnopff, Felicien Rops y Jean Delville, extravagantes cultivadores de la sensualidad, la fascinación por la magia y adelantándose en más de una década a las teorías de Freud sobre el poder del inconsciente, la significación profunda y la irracionalidad onírica, publicadas en 1899.

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Lamour des âmes | Jean Delville

Los temas agrupan a mujeres fatales como expresiones de abundancia; el gusto por lo esotérico y demoníaco —palpable incluso en los paisajes de William Degouve de Nuncques— ; la búsqueda de la magia oculta y el placer del misterio, del que surgen las obras de Leon Spilliaert, Xavier Mellery y Georges Lebrun, y la exploración del absurdo, donde prima la paleta del maestro James Ensor.

Los organizadores de la muestra destacan que mientras el simbolismo francés está suficientemente homologado como predictor de los peligros que conllevaban la dictadura de la razón y la fe ciega en el progreso, el belga no ha recibido la atención que merece pese a que proceden del país escritores como Maurice Maeterlinck y Georges Rodenbach.
En muchas áreas del arte, precisan, Bélgica fue una importante referencia para el simbolismo europeo, desde Gustave Moreau, Arnold Böcklin y Max Klinger hasta Edvard Munch. El fructífero ambiente artístico del país entre la Belle Epoque y la Gran Guerra actuó como un vínculo entre Inglaterra y el continente y conectó, entre otros, a los belgas Ensor, Khnopff y Rysselberghe con, por ejemplo, Cezanne, Gauguin y Klimt.

Des Caresses | Fernand Khnopff

La iglesia favorita de Schinkel regresa tras ocho años cerrada

Uno de los actos de justa ecuanimidad de 2020 en Berlín es la apertura, tras un cierre de ocho años, de la Iglesia de Friedrichswerder, una de las obras más queridas por el arquitecto paradigmático de Prusia y el neoclasicismo berlinés Karl Friedrich Schinkel (1781-1841). A partir del segundo trimestre del año —con fechas exactas todavía por precisar— el templo estará dedicado a la exposición de esculturas de los Museos Estatales de Berlín. Para la reapertura se exhibirán obras de la época de Schinkel, uno de los artistas más importantes de la ciudad de Berlín.

La bella y humilde iglesia, diseñada según los patrones de una sola nave de las inglesas y edificada entre 1824 y 1830, fue cerrada en 2012 tras sufrir graves daños estructurales desde los cimientos a la cubierta. La construcción de edificios lindantes o en las cercanías encerraron y deterioraron el templo, ubicado en una zona de alto privilegio del distrito de Mitte, en la plaza de Werderscher Markt, muy cerca de la Isla de los Museos.

La iglesia fue diseñada por Schinkel, jefe de obras de Prusia y arquitecto de la familia real, casi simultáneamente con el Altes Museum. El estilo neoclásico de la pinacoteca empujó al arquitecto a pensar en seguir la misma línea, pero se sometió a los deseos de su patrón, el entonces príncipe heredero Federico Guillermo IV, que quería que la casa de culto reflejará el estilo viejo alemán, forma nacional de denominar al gótico.

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Friedrichswerdersche Kirche | Karl Friedrich Schinkel

Dada la estrechez de los recursos financieros que fueron asignados para el proyecto, Schinkel diseñó una iglesia de una sola nave inspirada en las capillas de los colegios ingleses. El material de construcción fue modesto pero llamativo —ladrillo rojo—, quizá una cita deliberada a la arquitectura gótica. La Iglesia Friedrichswerder fue el primer proyecto de prestigio realizado en ladrillo en Berlín desde la Edad Media.

Fue utilizada por congregaciones alemanas y francesas y el púlpito, el altar y las vidrieras, algunas de ellas originales —fueron escondidas como protección durante los bombardeos de la II Guerra Mundial—, son restos visibles del uso religioso del edificio. La primera gran renovación de la grácil construcción, entre 1979 y 1986, coincidió con el bicentenario del nacimiento de Schinkel.

Retrospectiva integral de Yayoi Kusama

La reina de los lunares y los espejos que acercan el espacio a una idea de infinito, la japonesa Yayoi Kusama (1929) es la gran superestrella viva del arte contemporáneo y, según cálculos de expertos en el mercado del arte, la creadora más rica del momento. Una retrospectiva de todas sus épocas, la primera de tamañas dimensiones en Alemania, estará en cartel en el museo Gropius Bau del 4 de septiembre al 17 de enero de 2021.

La exposición ofrece una visión general de todos los períodos creativos de setenta años de actividad de una artista hecha a sí misma y de gran impacto social. Además de una selección de sus últimas pinturas, Kusama montará una Sala Infinita original con espejos en el museo, que dedicará a la muestra tres mil metros cuadrados de espacio.

Esta mujer de singular atractivo para el público de todas las edades ha sido capaz de sobreponerse a un estado anímico de gran obsesión, con periodos compulsivos y alucinatorios. Reside desde 1977 en un centro siquiátrico en Tokio y se desplaza cada día a pie al cercano estudio donde trabaja.

Kusama alcanzó el reconocimiento mundial por su exploración de patrones y estructuras repetitivas, sus característicos lunares y espacios construidos con espejos. En sus obras enfrenta a los espectadores con paisajes que parecen extenderse ilimitadamente hacia afuera y desintegrarse en algún lugar del infinito. Desde los comienzos de su carrera artística en Nueva York a finales de los años cincuenta, combinó medios clásicos como la pintura, la escultura y el dibujo con instalaciones, performances y happenings.

Jose Ángel González

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Memoriales del Tercer Reich de Berlín

Memoriales del Tercer Reich de Berlín

BLOG > CULTURA

Publicado 24.04.20

Berlín recuerda su historia del Tercer Reich a través de la memoria Leer

Memoriales del Tercer Reich de Berlín

Memoriales del Tercer Reich en Berlín hay muchos y con diferentes historias. Hablar de Berlín implica hablar necesariamente de memoria e historia pública, de heridas y dolor, pero también de madurez hacia el pasado. Tras el fin del Tercer Reich en 1945, Alemania evolucionó de manera inusual, convirtiéndose en dos países y Berlín en dos ciudades. Estos nuevos planteamientos ideológicos y culturales dieron como resultado una memoria histórica parcial y discutible. Tras un periodo inicial de silencio durante la primera década de posguerra, el enfrentamiento al pasado llegó a partir de la década de los ‘60, con nuevas generaciones y nuevas miradas. Pero la división del país y sus diferencias políticas perfilaron versiones algo incompatibles a la hora de entender qué había sido el nazismo. Y además de las (obvias) dificultades que entrañaba asumir la responsabilidad de aquel pasado, el conflicto se utilizó como herramienta política. Fue sobre todo tras la Reunificación Alemana en 1990 cuando Berlín entendió que la memoria debía plantearse como un elemento conciliador, una herramienta para construir y no para destruir. Así, la ciudad comenzó un admirable trabajo de revisionismo histórico tan profundo y orgánico que hoy ha pasado a convertirse en la ciudad de la memoria por excelencia.

Los memoriales del Tercer Reich en Berlin Mitte

Paseando por el actual centro de Berlín, y especialmente concentrado en el barrio de Mitte, se pueden encontrar numerosos y constantes lugares para la memoria, o lo que en alemán se llaman Gedenkstätten. Muchos de estos memoriales han sido ubicados en esta parte de la ciudad con la intención de que no pasen desapercibidos para nadie, como algo visible e inevitable. Sin embargo, el planteamiento habitual de estas iniciativas ha sido transformar el lugar histórico en un lugar para el recuerdo y resignificar los espacios de la ciudad. Por ello, la ciudad de Berlín cuenta con memoriales en todos sus barrios. Sirviendo a la doble vertiente que la memoria ha de cumplir -recordar e informar-, muchos de esos lugares históricos se han convertido, de diferentes maneras, en centros de documentación.

¿Dónde está la prisión de la SA de Berlín?

Es el caso de la Prisión de la SA en la Papestrasse, un lugar que sirvió como centro de detención durante los primeros meses del Tercer Reich. Desde marzo a diciembre de 1933, se utilizó para el arresto, interrogatorio y tortura que llevó a cabo la SA especialmente a disidentes políticos. Muchas de las salas están en su estado original y en ellas se pueden ver inscripciones y dibujos hechos por sus prisioneros. Desde el año 2013 es considerado espacio de memoria y se ha ubicado en él una exposición permanente.

Prisión Paperstrasse | Foto: A.Savin

Visitas guiadas a la casa de la Conferencia de Wannsee

Algunas de sus actividades más habituales son los proyectos pedagógicos dedicados a jóvenes y estudiantes en su aproximación a la historia del Tercer Reich. De igual manera, muy cerca de la ciudad de Potsdam, la Casa de la Conferencia de Wannsee ofrece visitas guiadas y proyectos vinculados a la exposición permanente sobre el origen, evolución y culminación del antisemitismo. En esta casa del distrito berlinés de Steglitz-Zehlendorf se reunieron el 20 de enero de 1942, quince altos cargos del partido nazi para discutir la llamada Solución Final de la Cuestión Judía. Fueron informados por Reinhard Heydrich y Adolf Eichmann de la puesta en marcha del plan de exterminio de los judíos europeos de manera sistemática. Fue a partir de los años ‘60 cuando llegó la iniciativa de convertirlo en un centro de documentación, pero el proyecto se fue demorando hasta que finalmente se dieron pasos más concretos para inaugurar la exposición principal en 1989.

Casa de la Conferencia de Wannsee | Foto: Celia Martínez García

Cómo llegar al memorial del Bayerischen Viertel

Sin embargo, existen concepciones algo más descentralizadas a la hora de abordar estos memoriales, como el caso de Bayerischer Platz y sus calles aledañas. Ubicado en el barrio de Schöneberg, este memorial, llamado Lugar del recuerdo en el Bayerischen Viertel, fue llevado a cabo en 1992 a partir de una iniciativa del Senado de Berlín. Está formado por 80 placas colgadas de los postes de las farolas que describen el marco legal que se fue creando para la comunidad judía desde 1933: su pérdida de espacio social, limitaciones en la cultura, la medicina o el comercio y el progresivo avance de la persecución hasta la deportación a los campos de concentración y el exterminio.

«Se prohíbe a los judíos ir al cine, teatro, ópera y conciertos» | Foto: Bayerischer Platz

¿Cuál es el memorial de la habitación abandonada?

Existe un aspecto muy interesante en la historia pública de Berlín en el intento de conciliar memoria y arte, en forma de arquitectura, escultura o poesía. Es el caso del memorial de Koppenplatz: La habitación abandonada, en recuerdo de la Kristallnacht o Noche de los cristales rotos. La noche del 9 de noviembre de 1938 en las principales ciudades de Alemania y Austria se produjo un ataque organizado y visible hacia la comunidad judía, destruyendo negocios, sinagogas y cementerios. Supuso un punto de inflexión en la persecución a los judíos al sistematizarse su arresto y deportación a campos de concentración. El memorial recrea una habitación que ha sido dejada con violencia y rapidez en recuerdo de aquellos que tuvieron que abandonar sus hogares esa noche. A su alrededor se puede leer el poema de Nelly Sachs “En las moradas de la muerte”.

Memoriales de Tercer Reich en Berlín | Foto: Karl Biedermann

Las deportaciones de judíos desde Berlín

Las deportaciones se llevaron a cabo desde estaciones como Anhalter Bahnhof o Grunewald. A partir de junio de 1942, desde la estación de Anhalt fueron deportados 15.000 judíos mayores de 60 años al campo de concentración de Therezin, próximo a Praga. Tras los daños de la Segunda Guerra Mundial, se quiso conservar la fachada de la estación como símbolo de memoria y de cicatriz. Pero es en la estación de Grunewald, donde se puede encontrar uno de los memoriales más esclarecedores acerca de las deportaciones a diferentes campos de exterminio. Conocido como Andén 17, el memorial reproduce a lo largo de las vías la información de cada tren que salió de allí: fecha, destino y cantidad de prisioneros. Es sin duda uno de los ejemplos más reveladores de la complejidad y planificación que requirió la logística del exterminio.

Pórtico del Anhalter Bahnhof | Foto: Jörg Zägel

Los restos de la segunda guerra mundial en Berlín

Como reza una placa sobre un edificio de distrito de Tiergarten, las marcas que provocó la metralla durante la guerra son Heridas del recuerdo, una metáfora evidente del daño provocado y recibido. Conscientemente dejadas como algo reconocible, éste y otros memoriales se han convertido en un símbolo de la profunda herida de Berlín. La marca de un dolor irreparable que se ha de conocer, madurar y superar, pero nunca olvidar.

Gedenktafel Sigismundstr 4 (Tierg) | Foto: OTFW

Celia Martínez García

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La Conferencia de Potsdam

Aniversario de la Conferencia de Potsdam

BLOG > CULTURA

Publicado 15.04.20

75 Aniversario de la Conferencia de Potsdam ¿Qué impacto tuvo este acuerdo después de la segunda guerra mundial? Leer

Aniversario de la Conferencia de Potsdam

Tres egos, la Guerra Fría y la bomba atómica

Se cumplen 75 años de la Conferencia de Potsdam, la histórica reunión que perfiló la política internacional durante décadas y decidió el futuro de Alemania tras el nazismo

En los posados para la prensa, los líderes participantes de la Conferencia de Potsdam aparecen sentados en sillones de mimbre, adecuados para el entorno de jardines en que se celebra la reunión. Iósif Stalin, líder de la Unión Soviética, desprende satisfacción. Luce una chaqueta militar de un blanco intenso, con botones dorados y charreteras, con un cuello mao que no terminaba de parecerle cómodo. Pero no hay rastro de incomodidad en su actitud.

El georgiano, dictador de un régimen criminal, despliega con autoridad los brazos, las rodillas apuntan hacia afuera, regala a los fotógrafos una expresión supuestamente afable. ¿Quién diría que ya sabe de la existencia de la bomba atómica y que además la tienen los Estados Unidos?

Junto a él, Harry Truman, que solo llevaba al mando 82 días. Vicepresidente de Franklin Delano Roosevelt, asumió el cargo porque Roosevelt había muerto de modo repentino, a consecuencia de una hemorragia cerebral, en abril de 1945.

Stalin, “honesto… Pero listo como el demonio”

Como su predecesor, Truman quería llevarse bien con la Unión Soviética y no le costó mucho trabajo: el primer día de la conferencia ya estaba fascinado por Stalin.

Hijo de un granjero y ganadero, nacido y criado en Misuri, el recién llegado presidente de los EE.UU. anota en su diario (con errores de concordancia y despistes gramaticales y ortográficos) que veía al líder soviético «honesto… Pero listo como el demonio». Confundió la brusquedad de Stalin con franqueza y su interés por escuchar, con compromiso. Desconfiaba sin embargo del «listo» de Churchill, al que veía como un engatusador.

A la derecha de Truman, Churchill sujeta con desgana la gorra militar del ejército británico. A pesar del desgaste y el cansancio de la guerra, el primer ministro del Reino Unido conservaba el entusiasmo que le producía gobernar y manejar asuntos importantes. Pero el viejo dirigente estaba en horas bajas. Dudaba de Truman, lo veía demasiado blando con los comunistas. Había que imponerse o Stalin se comería Europa.

La derrota electoral (y la tristeza) de Churchill

El británico afrontaba la reunión con cierta tristeza, pensando en las negativas y frustraciones que le esperaban. Además, le preocupaba el resultado de las elecciones. Estaba en lo cierto, perdió y no vio culminar la conferencia. Churchill, líder del Partido Conservador, fue sustituido en Potsdam el 26 de julio por el laborista Clement Attlee.

Stalin, Roosevelt y Churchill se habían reunido en dos ocasiones antes de la caída de Hitler. Sellaron su alianza contra el nazismo en 1943, en la Conferencia de Teherán. En la de Yalta (febrero de 1945), con la victoria a la vista, comenzaron a negociar el destino inmediato de Europa tras la guerra.

LOS TRES GRANDES DURANTE LA CONFERENCIA DE POTSDAM
Foto: Cuerpo de Señales del Ejército de EE. UU.
© Cortesía de la Biblioteca Harry S. Truman

La reunión en Potsdam perfiló la Guerra Fría. Era la última oportunidad para dejar las cosas claras. La camaradería debía prevalecer por el interés de todos, pero las ambiciones cambiaron: en Yalta avistaban la victoria; en Potsdam, ya eran vencedores. Habían que dejar claros los objetivos y consecuencias en la conferencia de Potsdam.

El palacio ‘disfrazado’ de casa de campo inglesa

Alemania había firmado su rendición el 8 de mayo de 1945. El 5 de junio, los países ganadores se hicieron con la soberanía. Stalin propuso la ciudad de Potsdam, muy cercana a Berlín y ni mucho menos tan destruida, como lugar para celebrar una conferencia que condicionó la política internacional en las décadas siguientes.

El encuentro tuvo lugar del 17 de julio al 2 de agosto de 1945 en el Palacio de Cecilienhof, una de las cosas que ver en Potsdam es esta hermosa pero fallida residencia real que el Káiser Guillermo II construyó para su hijo, Guillermo príncipe de Prusia, el heredero que nunca reinaría.

Bautizada así en honor a la mujer del príncipe (Cecilia de Mecklemburgo-Schwerin), la residencia de la pareja aspirante al trono no traía a la memoria colectiva tiempos felices y había sido polémica por haberse construido durante la I Guerra Mundial: de 1914 a 1917. Tal vez como intento de disimular la ostentación, no parece un palacio, sino una casa de campo estilo Tudor de la campiña inglesa.

El gran hall de Cecilienhof se convirtió en la sala central de la cumbre, con una mesa redonda de 3,5 metros de diámetro, fabricada para la ocasión por la empresa de muebles Lux de Moscú. Allí se llevarían a cabo los acuerdos de la Conferencia de Potsdam.

Reeducar a los alemanes

¿Qué pasaría con Alemania tras la derrota? Los tres líderes ratificaron la división del mapa alemán en cuatro zonas de ocupación, ya diseñadas en Yalta. Habría un sector soviético, uno estadounidense, uno británico y otro francés. A Francia, excluida de las negociaciones —Charles Degaulle no tenía una buena relación con los EE UU ni con el Reino Unido—, se le otorgó una zona de ocupación para reconocer su papel decisivo en el avance de las tropas aliadas durante la guerra.

Entre las medidas tomadas en la Conferencia de Potsdam, los alemanes debían dejar atrás el nazismo con un programa de reeducación. Había que buscar a los responsables de los crímenes nazis para juzgarlos; desmilitarizar el país eliminando o controlando la fabricación de material que pudiera usarse con fines bélicos, revertir las anexiones territoriales de los países ocupados en el avance nazi…

Otro de los puntos importantes de la Conferencia de Potsdam, y tema espinoso, era las fronteras con Polonia, arrasada por Hitler y también víctima de la ambición de Stalin.

Los líderes establecieron la frontera polaca en la línea Óder-Neisse. La Unión Soviética no solo se quedaba con la parte oriental de Alemania, que correspondía a su zona de ocupación, sino a los territorios polacos que habían sido alemanes.

Además, Stalin había construido un gobierno procomunista en el territorio y estaba decidido a convertir Polonia en un satélite de la URSS. Muy a pesar de los Estados Unidos y del Reino Unido, con cierta vergüenza incluso, a Occidente no le quedaba otra para seguir negociando que sacrificar Polonia —que, para colmo, había sido su aliada— y aceptar el gobierno títere impuesto por la Unión Soviética.

“Los niños” atómicos que EE.UU lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki

El 16 de julio de 1945, Truman recibió en Potsdam un telegrama con este texto: “Los niños, nacidos satisfactoriamente”. Era la confirmación de que a las 5:30 de ese día, en Alamogordo (Nuevo México) había tenido lugar con éxito el primer ensayo atómico de la historia.

Tenían un arma nueva, incontestable. También un frente de batalla pendiente, el del Pacífico, con Japón, que había atacado en diciembre de 1941 a los EE.UU. en la base militar de Pearl Harbor (Hawái) y provocado así la entrada de los estadounidenses en la II Guerra Mundial.

El ejército imperial comenzó el siglo XX invadiendo Manchuria, Taiwán y Corea. Los planes de engullir China y someter a la población; así como la ayuda económica y bélica que prestaba la URSS a China habían llevado a Japón a aliarse con Hitler en 1936.

Ultimátum a Japón desde Potsdam

Los EE.UU. habían luchado por tierra, mar y aire en el Pacífico y durante la celebración de la declaración de Potsdam estaban a punto de la victoria, pero sus enemigos no se habían rendido de manera oficial y los estadounidenses exigían que así fuera.

El 26 de julio, Truman, Churchill y Chiang Kai-shek (representante de China, no presente en la conferencia) hicieron pública la Declaración de Potsdam, un ultimátum a Japón para rendirse sin condiciones. La Unión Soviética no tomó parte en el documento, ya que se mantuvo neutral en la guerra contra Japón.

No hubo respuesta desde Tokio. La consecuencia fue el lanzamiento de las bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto. Murieron más de 250.000 personas. A día de hoy aún se desconoce con precisión cuántos murieron de cáncer o sufrieron defectos de nacimiento a causa del ataque.

Helena Celdrán Green

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Viajes escolares a Berlín, un destino ideal

Viajes escolares a Berlín

BLOG > CULTURA

Publicado 04.04.20

¿Dónde reside el encanto de una ciudad que ha tenido que superar la destrucción y reinventarse? Leer

Motiva a adolescentes y también a profesores. Cuando hablamos de viajes para grupos escolares, Berlín tiene una gran ventaja frente a otros destinos: es fácil crear una conexión emocional, algo fundamental para conquistar a un público tan joven. La trayectoria de la capital alemana en el último siglo ha sido turbulenta y sobrecogedora. Del nazismo a la división en cuatro sectores de ocupación y posterior construcción del Muro, es imposible no sentirse conmovido por una historia reciente de la que somos herederos directos.

Viajes escolares a Berlín realizando talleres de graffiti

Viajes de fin de curso a Berlín

Superar la tragedia, pero no olvidar. Que sea una metrópolis divertida y joven demuestra cómo se ha superado la tragedia, pero sin olvidarla. Al visitar Berlín con grupos de jóvenes se mostrarán muchos lugares conmemorativos, muestra de que la administración alemana actúa con responsabilidad.

En el sistema educativo del país es obligatorio incluir el nazismo en el temario de la asignatura de Historia. Con especial énfasis en la persecución, la tortura, la humillación y el Holocausto, el aprendizaje del periodo más vergonzoso de Alemanía incluye visitas escolares a lugares conmemorativos y a campos de concentración. De la Topografía del Terror al antiguo campo nazi de Sachsenhausen, los recordatorios de la brutalidad del Tercer Reich son fundamentales para la formación personal y académica de los adolescentes. Los viajes de escolares a Berlín deben visitar estos lugares.

Viajes escolares a Berlín

Desde la caída del Tercer Reich a la del muro de Berlín

Si las tragedias de la II Guerra Mundial resultan cercanas en el tiempo, mucho más reciente es la caída del Muro de Berlín en 1989. Realizar un viaje escolar a la ciudad es visitar uno de los grandes centros de estrategia, propaganda y espionaje de la Guerra Fría.

La experiencia única vivida por sus habitantes, separados durante 28 años por un muro, es tan extraña como didáctica: cómo afrontaron esta problemática las familias, quiénes tenían permiso para cruzar al otro lado, qué pasaba con quien intentaba escapar de la República Democrática Alemana… Es una parte de la historia muy atractiva para los viajes escolares a Berlín. Los varios segmentos de muro que se conservan en la ciudad, el Museo del Espionaje Alemán o la Karl-Marx-Allee (la avenida residencial comunista más importante del Berlín oriental) son algunos de los varios escenarios definitivos para comprobar que la división es un fantasma vivo.

Museo del Espionaje en Berlín, un atractivo para jóvenes en Berlín

La parte alternativa de Berlín y toda la gama del ‘street art’

La fama de ciudad despreocupada, artística y algo loca contribuye a que mucha gente joven se sienta identificada con esta dinámica. En los viajes escolares a Berlín, los estudiantes disfrutan muchísimo de este ambiente alternativo de la ciudad. Más allá de la East Side Gallery (el tramo de muro conocido por las pinturas que 118 artistas de 21 países pintaron tras la caída), el barrio de Kreuzberg sigue dando muestras de su carácter contestatario y bohemio en grafitis, carteles, plantillas, pegatinas, esculturas efímeras…

Como novedad en el panorama del arte urbano, desde 2017 se puede visitar el llamativo Urban Nation, un museo gratuito con obras de creadores de street art de fama mundial. El centro no es una pinacoteca al uso: evoluciona y extiende su actividad a la calle e invita a los artistas a que cubran edificios enteros con sorprendentes murales.

Talleres de graffiti para colegios en Berlín

Asequible, cultural y con buen transporte público

Al pensar en un viaje escolar, el presupuesto puede ser un obstáculo. No es el caso: Berlín sigue siendo una de las grandes capitales europeas más baratas. Es asequible, siempre muy por debajo de París o Londres en gastos de transporte, comida, alojamiento, compras u ocio.

¿Museos? Los estatales, entre los que se encuentran los más destacados de la ciudad, son gratuitos para los menores de 18 años. Lo que es ideal para viajes de estudios o fin de curso. ¿Compras? Rastros y mercadillos de fin de semana ofrecen la oportunidad de mezclarse con los habitantes de Berlín y encontrar gangas. ¿Traslados? La completa red de transporte público permite prescindir del vehículo privado. Para explorar Berlín, los tíquets de día son los más económicos y permiten disfrutar de trenes, metro, tranvías y buses con un mismo billete.

Visitas escolares al museo de Pérgamo en Berlín

Recorridos al aire libre con colegios por Berlín

Tras el oscuro invierno, la primavera se celebra en cada pequeño detalle de la urbe: renace la vida en la calle, vuelven las actividades al aire libre, la abundante vegetación se hace notar. Los viajes escolares en la semana blanca puede ser una opción, cuando comienza la primavera en Berlín. Entre la muchas zonas verdes hay ejemplos tan ambiciosos y bellos como el Tiergarten —de 210 hectáreas, más grande que el Hyde Park de Londres— o el antiguo aeropuerto de Tempelhof, clausurado en 2008 y convertido desde entonces y gracias a un referéndum popular en parque abierto para el skate, volar cometas, hacer un picnic, practicar yoga o celebrar festivales. La bicicleta se convierte entonces en una gran herramienta para experimentar la sensación de libertad que caracteriza a la ciudad.

Los viajes son siempre un estímulo para ver, escuchar y hacer, un capítulo de aprendizaje. Durante la adolescencia empujan a salir de la seguridad de lo conocido, un mecanismo para descubrir que la realidad que te rodea a diario es sólo una de tantas. Berlín esconde una amalgama de historias a la espera de ser descubiertas por viajeros que comienzan a entender el mundo como adultos.

Helena Celdrán Green

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Exposiciones y arte en museos de Berlín

Exposiciones de arte en museos de Berlín (Parte 1)

BLOG > CULTURA

Publicado 27.03.20

Visita las mejores exposiciones de arte de Berlín en 2020 Leer

El movimiento era un modo de vida para Claude Monet (1840-1926), el pintor francés que bautizó el Impresionismo —la escuela tomó el nombre a partir de uno de sus cuadros, Impresión: soleil levant (Impresión, sol naciente, 1847)—. El artista y su errancia son los ejes de la exposición “Monet. Orte” (Monet: lugares), una propuesta que el Museo Barberini de Potsdam exhibe hasta el uno de junio.

Exposiciones en Potsdam Museo Barberini

Montada en colaboración con el Museo de Arte de Denver (EE.UU.), donde causó sensación desde otoño de 2019, con todo el billetaje agotado pese a un par de extensiones en la agenda. El lema de la muestra incide en el deseo del autor de captar espacios y diversidad. Monet sólo era capaz de pintar al aire libre y frente al objeto que estaba trazando: trabajaba en varios cuadros a la vez para no perder los cambiantes efectos de la luz.

Arte en Potsdam. Monet, el pintor de la magia de los espacios

Fue tratado con desprecio en sus primeros años. La crítica tradicionalista opinaba que los impresionistas dejaban los cuadros sin terminar para engatusar al público con los ambientes brumosos y la texturas misteriosas. Monet fue terco en los postulados de trascender las apariencias físicas y superar la realidad material mediante la interpretación visual de los ambientes. El tiempo fue justo con el pintor, que se convirtió en uno de los más admirados y cotizados de los siglos XIX y XX.

Con más de un centenar de obras, la muestra de arte del Barberini en Potsdam abarca todas las fases del prolífico artista francés, con telas que pintó en sus muchos desplazamientos en busca de motivos —París, Londres, los pueblos del valle del Sena, las costas de Normandía y Bretaña, los ambientes mediterráneos de Venecia y Antibes…—. También hay piezas, cómo no, pintadas en su “recinto sagrado”, el jardín de la casa de Giverny, en la Alta Normandía, en la que vivió 43 años, entre 1883 y la muerte. Allí, en el hogar de los nenúfares que nunca se cansaba de retratar, demostró que un aura o atmósfera específica habita mágicamente en ciertos lugares.

Museo Barberini foto Helge Mundt

Recordando el Reichstag ‘empaquetado’ de 1995

“Hacemos cosas hermosas, increíblemente inútiles, totalmente innecesarias”. ¿A qué se refiere esta declaración artística que suena a broma? Una de las respuestas prototípicas es: envolver la gran masa del Reichstag con 100.000 metros cuadrados de tela de poliprolineo, cubierta con una capa de aluminio, y atarla con 15,6 kilómetros de cuerda. La gran mole de la sede gubernativa se convirtió durante dos semanas del verano de 1995, en un bulto que ganó en lucimiento por la extrañeza. Cinco millones de visitantes lo entendieron así y se acercaron, fascinados, a ver el edificio empaquetado. Un edificio histórico durante el tercer Reich volvía a estar en boca de todos.

De similar calibre son todas las obras transgresoras, alocadas y de gran impacto por dimensiones, localización y espectacularidad, de una de las parejas artísticas más populares de nuestro tiempo: Christo Vladimirov Javacheff y su mujer Jeanne-Claude (ambos nacieron el mismo día, el 13 de abril de 1935, él en Bulgaria y ella en Marruecos, y ella murió en 2009 en Nueva York).

El Palais Populaire, foro cultural del Deutsche Bank, presenta hasta el 21 de agosto “Christo and Jeanne-Claude – Projects 1963-2020” (Christo y Jeanne-Claude – Proyectos 1963-2020), una exposición sobre dos creadores que se convirtieron en una comunidad y, según los organizadores, “lograron romper los límites del mundo del arte e interesar a un público amplio y de todos los estratos sociales”.

La muestra se centra en detallar el envoltorio del Reichstag, al que Christo y Jeanne-Claude dedicaron más de dos décadas para convencer a los casi 700 diputados. El aprobado final fue tema de una sesión parlamentaria.

Reichstagsgebäude 1995

La fascinación de Picasso por las odaliscas de Delacroix

«¡Ese bastardo pintaba realmente bien!», comentó Pablo Picasso (1881-1973), muy escueto cuando de elogios se trataba, sobre la obra de Eugene Delacroix (1798-1863), un pintor que inauguró la modernidad, se mostró interesado en culturas ajenas a las clásicas o europeas y, como el español, fue acusado por crear de manera volcánica e impulsiva y de ser descuidado en el acabado de los cuadros.

El Museum Berggruen, uno de los grandes museos de Berlín, traza un vínculo justificado entre ambos paladines del arte moderno en “Pablo Picasso. Les Femmes d’Alger(Pablo Picasso: las mujeres de Argel), una exposición que, del 20 de junio al 13 de septiembre, muestra obras en lienzo y papel que el maestro produjo durante los años cincuenta del siglo XX, cuando decidió cambiar otra vez de estilo y entregarse a la reinterpretación de los artistas a los que admiraba con más entusiasmo: Velázquez, Goya, Manet, Coubert y Delacroix.

Para rendir homenaje al autor de “La libertad guiando al pueblo”, el malagueño, que ya era una estrella global e interesaba más a la opinión pública por la vida privada que por el arte, eligió uno de los temarios más valientes y arriesgados de Delacroix: sus viajes a Argelia y Marruecos en 1832, cuando se convirtió en el primer artista no musulmán en colarse en varios harenes y pintar del natural el día a día de las concubinas. Los óleos y dibujos que emergieron de aquella expedición responden a la principal virtud que el francés deseaba alcanzar. «El mérito de una pintura es producir una fiesta para la vista (…) Los ojos han de tener capacidad para gozar la belleza. Muchos tienen el mirar falso o inerte, ven los objetos, pero no su excelencia», escribió en una entrada de sus diarios.

Espoleado por la atracción hacia Delacroix, Picasso produjo, entre 1955 y 1956, 15 óleos y varios centenares de dibujos. Unas semanas antes había muerto su amigo y rival, Henri Matisse (1869-1954), cuyas odaliscas también pesaron en el estilo, el detalle y la ornamentación de las mujeres orientales imaginadas por el español. Las obras que expone el Berggruen fueron pintadas en la villa recién comprada por Picasso La Californie, una mansión belle epoque enlomada sobre Cannes. La luminosidad intensa, el frondoso jardín y la cercanía del Mediterráneo están presentes y parecen aconsejados por el voluptuoso Delacroix.

Jose Ángel González  

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Berlín, ciudad de cine durante la Berlinale

Berlín, ciudad de cine durante la Berlinale

BLOG > CULTURA

Publicado 10.02.20

¿Conoces el festival de cine más famoso de Berlín?Leer

Este año la Berlinale, el festival internacional de cine de Berlín, coincide con los 75 años del final del Tercer Reich. Momento en el que arrancaba desde cero una nueva etapa para Alemania. Tal y como lo planteaba Roberto Rossellini en Alemania, año 0, el punto de referencia eran las ruinas materiales, políticas, económicas y culturales. Pero también emocionales y humanas, y nada de lo que iba a ocurrir en Alemania a partir de 1945 se podía parecer al nacionalsocialismo. Dentro de las razones para la ocupación de los aliados estaba la aplicación del plan de desnazificación y democratización alemanas, y la necesidad de construir una Alemania con nuevos referentes culturales. La guillotina ideológica que supuso la Guerra Fría obligaba a Berlín a replantearse, entre otras, su identidad cinematográfica. Como consecuencia, sólo seis años después, nacía el Festival de Cine de Berlín o Berlinale.

Lugares de cine en Berlín | Zoo Palast

Festival Berlinale en Berlín

El festival fue el resultado del impulso llevado a cabo por Oscar Martay, oficial del ejército estadounidense que había sido enviado a Berlín Occidental en 1948 para reactivar la vida cinematográfica de la ciudad. A pesar de que se concibiese la Berlinale con una vocación de interés cultural, el festival se debía convertir en un escaparate del mundo libre así como el reflejo de una serie de valores democráticos de los que Alemania debía aprender. La destrucción que había dejado la guerra en Berlín ofrecía la oportunidad de construir de nuevo, aprender de nuevo y sentar las bases de una democracia que, en este caso, bebiese de las fuentes del American Way of Life. Asimismo, se empezaban a recoger los frutos del Plan Marshall y se debía constatar -a poder ser en la gran pantalla- que aquello que luego se bautizó como “milagro económico alemán” estaba ocurriendo de verdad. Así, el 6 de junio de 1951, Berlín se vestía de largo para inaugurar su primera edición del festival en las pantallas del Titania Palast con Rebeca, el clásico de Alfred Hitchcock.

Lugares de cine en Berlín | Titania Palast

Berlín Occidental trataba, a pesar de las ruinas, de volver a la normalidad, a los cafés, al cine, la música y el teatro, al Berlín que murió tras el fin de la democracia. En este caso, el gran eje de esa nueva ciudad era la Kurfürstendamm, ubicada tras el reparto de los aliados en territorio británico. Pero la recuperación económica del Berlín capitalista no sólo tenía que producirse, sino además mostrarse al mundo, y el cine sirvió, en todas sus facetas, de plataforma para la construcción de la imagen de esta nueva ciudad que resurgía gracias a la ayuda de los aliados.

Así, Berlín utilizó las películas como forma de promoción. Una de las principales formas de ocio fue el cine, y el festival de Berlín, la Berlinale, el escenario idóneo de proyección cultural. Trajo a sus estrellas a este nuevo Berlín de glamour, esplendor y prosperidad. Por él paseaban artistas como Alfred Hitchcock o Gregory Peck, y héroes para el mundo occidental como James Bond, que fueron poco a poco acuñando una imagen nueva de la ciudad a través de fiestas, sesiones de fotos y estrenos de Hollywood en los mejores cine del Oeste de Berlín. 

Lugares de cine en Berlín | ZooPalast

Las calles aledañas a la Kurfürstendamm, el entorno de la Iglesia del Recuerdo y los antiguos teatros de los años ‘20 se convertían ahora en escenarios del festival, como fue el caso del Delphi Palast o el Zoo Palast. Hoy día son algunos de los lugares más fascinantes que ver en Berlín occidental. Estos cines habían sido reconstruidos tras la guerra con la última tecnología en la proyección cinematográfica, y pasaron a programar un tipo de cine cuyos referentes fuesen eminentemente estadounidenses.

La desnazificación alemana desde el punto de vista cultural no sólo consistió en aprender lo que se hizo mal durante el Tercer Reich, sino en seguir ahora el camino marcado por el modelo de vida americano en la década de los ‘50. Por ese motivo, las primeras ediciones fueron criticadas por los países del bloque socialista, ya que el apellido “internacional” que llevaba el festival en realidad no se estaba cumpliendo.

Lugares de cine en Berlín

Fue tras la Reunificación Alemana cuando cines del antiguo Berlín Oriental pasaron a ser parte del festival, como el Kosmos o el Kino International, en la Avenida Karl-Marx. Y el traslado del evento se produjo a su actual sede en la edición del año 2000, que resultó además ser la número 50 y coincidió con la inauguración de uno de los complejos arquitectónicos y urbanísticos más ambiciosos del Berlín reunificado: la Potsdamer Platz.

Festival Berlinale en Berlín | Potsdamerplatz

La plaza había desaparecido tras la Segunda Guerra Mundial en términos arquitectónicos y urbanísticos, ya que tras la destrucción de los bombardeos pasó a ser guillotinada por el muro a partir de 1961. Había desaparecido así un nudo urbano de vida y dinamismo; no quedaban cafés, ni berlineses, ni forma de plaza. Por ello trató de reubicarse el centro y reactivarse la vida cultural en lo que había sido la periferia del Este y el Oeste durante más de 40 años. Se quiso también representar la idea de modernidad a través de una arquitectura sustancialmente diferente a la del resto de la ciudad: en materiales, altura y simbología. El cine sirvió para ello tras la creación del Museo de Cine y la TV de Berlín. El museo se ubicó en el edificio Filmhaus del Sony Center y se trasladó el festival al teatro de la Marlene-Dietrich Platz, plaza dedicada a la actriz y cantante berlinesa. 

Festival Berlinale en Berlín | Berlinale Palast

Hoy día, el entorno de Potsdamer Platz, que un día fue escenario de cine en películas como Berlín, sinfonía de una ciudad (1929), El cielo sobre Berlín (1987) o Berlin Babylon (2001), es uno de los centros de mayor actividad cinematográfica de la ciudad. Si bien hasta hace pocos años esta plaza tenía un carácter algo artificial, con el paso del tiempo, la celebración de la Berlinale allí ha servido para recuperar cierta idea de centro, devolviendo a Potsdamer Platz actividad, movimiento y vida cultural. De igual manera, el propio festival de cine ha logrado encontrar su propia voz después de haber sido un instrumento que servía a los planes culturales y políticos de los aliados. Con el paso de los años, y en esta ocasión, celebrándose la edición número 70, la Berlinale 2020 mostrará cómo ha logrado tener un carácter y sabor puramente berlineses.

Celia Martínez García